El cine fantástico español independiente sigue encontrando refugio en autores que entienden el género como un espacio de libertad creativa. Uno de los nombres más constantes dentro de esa resistencia artesanal es el de César del Álamo, cineasta madrileño que lleva casi dos décadas construyendo una filmografía propia al margen de la industria convencional. Su nueva película, Más caliente que el infierno (2026), presentada en el FANT Bilbao y estrenada en Prime Video en el mes de mayo de 2026, vuelve a demostrar que el llamado «cine de guerrilla» todavía puede ofrecer personalidad, pasión cinéfila y una notable capacidad para entretener.
Con una duración ajustada de 77 minutos y una clara vocación de serie B contemporánea, Del Álamo mezcla terror clásico, humor negro, erotismo y mitología en una propuesta tan modesta en medios como ambiciosa en intenciones.
Fer y Maca, una pareja a punto de casarse, regresan a casa tras una jornada aparentemente rutinaria en la que han probado un restaurante para el banquete. Ese trayecto nocturno se quiebra cuando recogen a Liz, una autoestopista de apariencia enigmática y sensual cuya presencia desestabiliza de inmediato la normalidad.
Lo que empieza como una situación incómoda en carretera deriva en una progresiva inmersión en lo sobrenatural. La noche abre un territorio cada vez más inestable, donde la realidad cotidiana se deshace entre encuentros violentos, criaturas vampíricas y la irrupción de una peculiar Van Helsing de acento castizo que introduce un contrapunto racional dentro de la locura que los protagonistas atraviesan.
Del Álamo construye la película como un desbordamiento gradual: lo cotidiano se va contaminando de terror hasta que el relato abandona cualquier pretensión realista y se instala de lleno en el territorio del fantástico más físico, donde el humor y el gore intensifican la experiencia.
En ese tránsito —del realismo al terror sobrenatural— la película gana fuerza cuando abraza su naturaleza caótica.
El mito de Lilith
«Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó».
— Génesis 1:27
Más allá de su envoltura de terror lúdico, la película presenta el mito de Lilith como un eje subterráneo del relato. «La primera mujer de Adán» se recupera o se reinterpreta aquí como una entidad vengativa que trasciende el tiempo y regresa desde el inframundo a través de brechas temporales, sometiendo a la humanidad a su presencia destructiva.
Esta capa mitológica —junto con la leyenda de El Escorial, que Felipe II mandó construir sobre una de las puertas del infierno— no busca aportar profundidad académica, sino más bien expandir el relato hacia un imaginario más oscuro que se alinea con el tono general y puede captar la atención de los espectadores interesados en la figura de la mujer primigenia y otros mitos que, de manera novedosa, emergen en Madrid.
Reparto coral y funcional
El reparto se adapta a ese tono híbrido entre lo grotesco y lo humorístico. Raquel Reilly (Liz) sostiene el centro del relato con un personaje que evoluciona desde lo enigmático a lo abiertamente terrorífico e implacable. Mientras, Adrián Labrador y Yaiza Hervás (Fer y Maca) funcionan como contrapunto cómico en una dinámica de pareja que aligera el tono sin romper la progresión del horror.

El papel de Rocío (la «Van Helsing castiza»), recae en Estefanía Martínez, que interpreta a una cazadora vinculada al componente más sobrenatural de la historia. Mientras, la Rocío niña, interpretada por la joven Inés Lejárraga López, protagoniza el prólogo que introduce el origen del conflicto fantástico. Su madre en la ficción, interpretada por Ruxandra Oancea, actriz habitual en el universo de César del Álamo y que ya había trabajado con él en De la piel del diablo o Fantasmagoría, refuerza ese núcleo recurrente de intérpretes asociados a su cine.
Entre los secundarios destacan rostros conocidos del cine y la televisión, como Javier Bódalo (Cuéntame cómo pasó, Los Serrano, El espinazo del diablo), que encarna a un personaje inicialmente ligado al entorno cotidiano pero que termina cruzándose con lo sobrenatural. Otros roles recaen en Laura Lejárraga Martínez (tía de Rocío y madre de Inés Lejárraga en la vida real), Elsa Blueve, Diego Sánchez, Raúl del Álamo y Chema Coloma, todos integrados en distintos momentos del recorrido nocturno y aportando solidez al entramado coral.
Dirección y fotografía: eficacia sin grandes recursos
En la puesta en escena, el director mantiene su estilo habitual: rodaje funcional, espacios reales reconvertidos en escenarios de tensión y una exquisita planificación que prioriza el ritmo sobre la sofisticación formal. Hay ingenio en la forma de resolver situaciones con pocos medios, especialmente en interiores y secuencias nocturnas, donde la iluminación y el sonido suplen con eficacia la ausencia de grandes recursos técnicos.
La fotografía, firmada por el propio Del Álamo, se adapta al desarrollo de la trama: día, noche (se utiliza el filtro de «noche americana»), exterior, interior, planos generales, medios, primeros planos y detalle que transmiten la intensidad que requiere una película de terror. Incluso en los planos donde aparecen el gore y la sangre, la imagen mantiene coherencia y claridad. La narración fluye sin pérdidas de ritmo gracias también a la experiencia del director en el montaje.
Por último, el sonido y la música contribuyen a reforzar el carácter híbrido del filme, alternando momentos de tensión con otros más cercanos a la comedia negra.
¿Libertad creativa o más presupuesto?
Más caliente que el infierno no es una película perfecta ni lo pretende. Su valor reside en su energía, en su falta de contención, su libertad narrativa y en la coherencia de un cineasta que ha convertido la falta de recursos en lenguaje propio.
Aunque un mayor presupuesto para decorados, efectos especiales o CGI permitiría a Del Álamo materializar con más espectacularidad su creatividad, el aporte económico de terceros puede restar libertad artística, algo a lo que el director no parece dispuesto a renunciar.
Con todo, al final de la visualización, la película permanece en la memoria como un trabajo minucioso, construido plano a plano, que combina diversión, terror y un homenaje sincero a los clásicos de la serie B.
Biografía de César del Álamo
César del Álamo (Madrid, 1978) es uno de los cineastas independientes más prolíficos y consistentes del cine español de género. Comenzó muy joven con cortometrajes y mediometrajes, formándose principalmente como director de fotografía, operador y editor. Él mismo se define como «un montador que dirige». Además, escribe los guiones de todas sus películas.
Su debut en el largometraje llegó con El síndrome de Lázaro (2007), y desde entonces ha mantenido una producción constante dentro del llamado «cine de guerrilla», caracterizado por presupuestos reducidos y equipos recurrentes.
Filmografía profesional
Largos (dirección / guion / fotografía habitual)
- Mí (2009) – director, guion.
- Buenas noches, dijo la señorita Pájaro (2012) – director y guion.
- La mujer que hablaba con los muertos (2014) – director, guion.
- De la piel del diablo (2019) – director, guion.
- Matando el tiempo (2022) – guion, fotografía.
- Codón es un máquina (Norberto Ramos del Val, 2023) – fotografía.
- Fantasmagoría (2025) – dirección, guion.
- Giro final (Norberto Ramos del Val, 2025) – guion.
- Ella solo come carne (Norberto Ramos del Val, 2026) – historia y fotografía.
- Más caliente que el infierno (2026) – dirección, guion, fotografía.
Otros trabajos e interpretación
- Cine de guerrilla (2016) – participante (documental sobre cine independiente).
- Going Nuts (2006) – aparición secundaria.
- Gritos en el pasillo (2007) – voz.
- Hienas (2009) – Agente Argento.
- Gritos en el pasillo (2012).
- Pixel Theory (2013) – papel de policía.
