[Imágen superior: escena de Noches Lúgubres, de José Cadalso]
El cine fantástico no surge de la nada; es el resultado de una larga conversación entre textos, espectáculos y prácticas escénicas que, durante dos siglos, fueron modelando un imaginario del asombro, de lo espantoso y de lo fantástico.
Este especial recorre (de manera humilde y como prólogo a otros textos) esa genealogía para mostrar cómo motivos, atmósferas y arquetipos —el castillo, la noche, la criatura, la aparición— pasaron de la literatura y el teatro a convertirse en soluciones formales que la cámara, el montaje y el truco óptico hicieron propias.
Es decir, esto no trata de una arqueología nostálgica sin uso alguno, sino de una cartografía cinéfila útil para conocer de dónde vienen los recursos del fantástico y cómo permiten a cineastas y audiencias entender el cine más allá de lo real como una tradición formal con reglas, herramientas y etimologías concretas, en lugarddd de como un simple catálogo de efectos especiales.
En los siguientes artículos, Walpole, Cadalso, Bécquer, Radcliffe, Poe, Byron y otros precursores de lo fantástico, lo gótico y el terror aparecen como autores universales cuyos motivos y estrategias narrativas siguen funcionando en la pantalla hoy en día.
La literatura se presenta aquí como una fuente que ayuda a explicar cómo se construyen las imágenes, cómo un motivo escrito se convierte en plano y cómo un arquetipo narrativo se transforma en una secuencia terrorífica.
En resumen: entender cómo la palabra se transforma en una imagen en movimiento que puede hacer palidecer a cualquiera.